"Limpieza y claridad en la ejecución, y frescura y buen estilo en la interpretación con buen sentido del contraste y de la proporción en los momentos de tinte dramático.(...) Un Octeto de Mendelssohn muy cuajado, hecho con visión amplia, con magnífico rendimiento individual desde el primero al último instrumentista, y conjuntado, elegante y comunicativo, que ya desde el principio tuvo interesantes, y controladas, cotas de apasionamiento, y que terminó de manera equilibradamente espectacular"
(La Opinión, 4 de enero de 2004)